El fútbol uruguayo nació, se hizo grande y triunfó en canchas de todo el mundo sin escapar de una paradoja: era en realidad montevideano. Si bien el aporte de los futbolistas de los 18 departamentos del interior resultó siempre vital, los clubes, la organización y el relacionamiento internacional fueron durante décadas estrictamente capitalinos. Muchos cracks tuvieron que cruzar el río Santa Lucía y el arroyo Carrasco para encontrar su consagración.
El primer gran esfuerzo para unificar a los futboleros de todo el país fue la Copa Artigas, disputada a partir de 1960 entre los diez clubes de la Primera División de la Asociación Uruguaya de Fútbol y los cuatro finalistas del Campeonato de Selecciones de la Organización del Fútbol del Interior. Lo más cercano a ese tipo de competencias había sido el Campeonato Nacional, de fugaz existencia entre 1928 y 1930, que enfrentó a seleccionados de los departamentos con un combinado de Montevideo. En aquel año ‘60 y durante más de tres meses, los equipos capitalinos viajaron a Durazno, Tacuarembó, Artigas y Maldonado, mientras que las formaciones “chacareras”, como se les llamó, se presentaron en la capital. El campeón resultó Defensor, luego de una campaña invicta.
Antes que picara la primera pelota en el Campus de Durazno o estadio Ginés Cairo Medina de Maldonado, hubo largas negociaciones entre la AUF y OFI para limar históricas y a veces poco comprensibles diferencias. Al final se llegó a un acuerdo que permitió establecer los detalles del torneo. Por ejemplo, se resolvió que el visitante se llevaba 45% de las recaudaciones, deducidos los gastos de traslado y estadía; el local se quedaba 35%, la AUF 10%, OFI 5% y otro 5% iba para un “fondo de campeonato nacional”. Los equipos del interior demoraron sin embargo su debut ya que debía definirse el Campeonato de Selecciones entre Durazno y Tacuarembó. Durazno ganó las dos finales y fue campeón.
A Defensor le tocó estrenar el certamen frente a Nacional, el sábado 7 de mayo. Para la nostalgia de los mayores y la comparación de los curiosos, los precios aquella tarde en el Estadio Centenario iban desde el peso con cincuenta centésimos para los taludes hasta los seis pesos de la platea América. Las tribunas Amsterdam y Colombes costaban $ 2,50 y la Olímpica $ 3,30, aunque los socios de los participantes tenían descuentos. En total asistieron 10 mil personas, que dejaron una muy buena recaudación de 16.175 pesos.
Defensor mostró desde el principio que se tomaba en serio el torneo, porque salió a atacar a Nacional. A los pocos minutos, Willy Píriz convirtió, pero el árbitro Esteban Marino, el popular “Turco”, anuló por supuesta plancha. A los 34 minutos llegó otro gol, esta vez válido, de Román, tras eludir al zaguero tricolor Troche. El mismo Román lanzó el centro que Píriz, de cabeza, marcó el 2-0 definitivo, cuando iban 25 minutos del segundo tiempo. Defensor demostró una “feliz coordinación de elementos experimentados con otros bisoños”, según el comentario de El Día.
En la segunda fecha, el 15 de mayo, el equipo violeta superó por 2 a 0 a Sud América. El partido se disputó con ronroneo de motos de fondo, pues a la misma hora se realizó un festival motociclístico en las canteras del Parque Rodó.
Para la tercera etapa, los clubes de la capital tuvieron que viajar por primera vez al interior por un torneo oficial: Peñarol visitó Durazno, donde ganó 5 a 1, en tanto Racing ganó 4-1 a Maldonado. Pero los equipos de la OFI no eran serían meros partenaires en la Copa Artigas, porque en la fecha siguiente Artigas derrotó a Sud América por 2 a 1. Mientras tanto, Defensor recibió a Fénix en el Parque Rodó. La buena campaña ya atraía mucho público: más de 3.000 personas asistieron a su triunfo por 3 a 1, con goles de Brasil, Rosas Riolfo y Píriz, con el descuento de Carranza. La prensa destacaba la solidez defensiva del equipo, que tuvo en Malinowski su primera muralla.
El 29 de mayo, el violeta se presentó en el Campus de Durazno para enfrentar al campeón del interior. Se vendieron 2.118 entradas, con una recaudación de 6.800 pesos. El partido comenzó con gran intensidad, pues al minuto Radiche realizó una gran atajada y de contragolpe, Brasil puso el primero para la visita. Aumentó Píriz a los 22 y a los 26 del segundo tiempo Brasil, de penal, cerró la cuenta.
Marcha triunfal
En el invierno de 1960, los montevideanos que pasaban por la rambla Sur no podían dejar de observar hacia las aguas del Plata. Por esos días había encallado el buque británico Calpean Star, un antiguo y lujoso barco de pasajeros que había sido adaptado para el transporte de carga. El 1° de junio de ese año, mientras abandonaba el puerto capitalino, la nave sufrió un desperfecto en una válvula que permitió la entrada de gran cantidad de agua, con lo cual varó en el canal de acceso. Los días siguientes se realizaron trabajos para reflotarla, pero inesperadamente se hundió más y su tripulación decidió abandonarla. Se habló desde la maldición por la muerte de un albatros que llevaba para un zoológico europeo hasta oscuras maniobras para cobrar el seguro. La silueta de su cubierta, sus chimeneas y sus mástiles se recortaron sobre el horizonte durante años, cada vez más pequeñas, hasta que la acción de las corrientes y las tormentas (más la de quienes se acercaban furtivamente en botes para llevarse algún recuerdo) lo terminaron de mandar al fondo.
Luego de echar un vistazo a la lucha que el Calpean Star ya empezaba a perder contra los elementos, tres mil personas asistieron el 4 de junio al triunfo de Defensor sobre Racing en el Parque Rodó. Los goles fueron de Huelmo en contra y Hernández cerca del final.
La buena asistencia se repitió en la sexta fecha, ante Liverpool en Belvedere: 2.374 localidades. Fue un partido muy intenso y el violeta dejó su primer punto. Abrió el score González, empató Hernández, Brasil puso el segundo cuando faltaban diez minutos pero casi enseguida igualó Soria para el dueño de casa.
El 18 de junio, Defensor probó que estaba para campeón cuando venció a Wanderers 4 a 1 en el Parque Viera, con 4.100 entradas vendidas. Rosas Riolfo en dos oportunidades, Marotti y Brasil de penal marcaron para Defensor, con descuento a cargo de Rumbo. “Victoria inobjetable aunque con cifras un poco exageradas”, dijo El Día.
El 26 de junio, una difícil prueba: contra Artigas en el Estadio 7 de Setiembre, a orillas del Cuareim. La delegación viajó en un DC-3 de la Fuerza Aérea, entre los nervios de algunos y la novelería de otros, poco acostumbrados a los aviones. La aeronave no tenía asientos, por lo cual se colocaron largos bancos de madera. Al rato, alguien sacó una gran pizza casera, que el “Loco” Ferreira cortó para convidar a todos.
Después, en la cancha, Artigas fue el dominador durante casi todo el partido, dispuesto a ser el orgullo de su público. Defensor resistió en la defensa, hasta que a los 38 minutos del segundo tiempo Rosas Riolfo eludió a dos rivales, pasó la pelota a Hernández y el remate fuerte del centrodelantero terminó en la red. El partido abundó en choques y excesos de entusiasmo.
El siguiente paso fue enfrentar a Cerro en el Parque Viera, una de las canchas elegidas por este club para sus partidos mientras se construía su estadio Luis Tróccoli. La marcha triunfal se detuvo con un empate (2-2). Si bien esa tarde faltaron dos piezas fundamentales como Malinowski y Rosas Riolfo, la prensa comentó que sus reemplazantes, Omar Ferreira y Marotti, tuvieron buena actuación. La clave estuvo en la desafortunada tarde de Radiche, sobre todo en los goles rivales. Sin embargo, el arquero tendría pronto su revancha.
El 16 de julio, el día que se cumplían –apenas– diez años del triunfo de Maracaná, Defensor visitó a Maldonado en el Estadio Ginés Cairo Medina. El seleccionado local se puso sorpresivamente en ventaja, pero pronto empató Hernández, tomando un rebote en la rodilla de Willy Píriz tras centro de Brasil. Pero el gol del triunfo se demoró hasta los 39 minutos del segundo tiempo: un gran cabezazo de Malinowski, tras centro de De Souza. La mínima ventaja ratificó que los equipos del Interior no resultaban fáciles rivales.
Claro que una semana más tarde, Defensor le hizo cinco a Tacuarembó en su estadio Raúl Goyenola. Esa tarde, un gol en contra muy temprano contribuyó a derrumbar las esperanzas del dueño de casa. La seguridad defensiva del violeta y la ambición de los delanteros hizo el resto.
Cómo jugaba aquel Defensor
Hugo Bagnulo, que había regresado ese año para dirigir a Defensor, le imprimió su sello al equipo: solidez defensiva, espíritu colectivo, pujante mediocampo y ataque por las puntas. Y también aportó su ritual de las cábalas: luego de los primeros triunfos, en la concentración se volvió casi obligatorio cenar los mismos platos, pasear por los mismos sitios y sentarse en los mismos lugares del ómnibus cuando tocó jugar afuera.
La formación más habitual durante el certamen fue con Luis Radiche; Esteban Álvarez y Clímaco Rodríguez; Eladio De Souza, Estanislao Malinowsky y Luis Alberto Miramontes: Luis Román, Carlos Rosas Riolfo, Walter Hernández, Willy Píriz y René Brasil. Además, Ítalo Marega estuvo un partido en el arco y Jorge Clulow reemplazó una ocasión a Álvarez en la zaga. Omar Ferreira, ya veterano, jugó una vez también. Más frecuente resultó la presencia de Jesús Castro, marcando la punta por la izquierda: César Marotti estuvo en casi la mitad de los partidos, a veces por Román, otras por Rosas Riolfo.
El esfuerzo de todo el equipo estuvo apuntalado por la solidez defensiva, producto a su vez de la experiencia de sus hombres, El triángulo final, por ejemplo, llevaba varias temporadas actuando en bloque. Malinowski, como eje en el mediocampo, resultó fundamental. Había llegado ese año desde Peñarol, donde no pudo alcanzar continuidad en un puesto donde ya Néstor Gonçálvez era inamovible. También se destacó Rosas Riolfo –hermano de Dalton, notorio por su actuación en la Mutual de futbolistas o en las actividades de Carnaval durante años–, que llegó desde River. Los jóvenes punteros Román y Brasil fueron decisivos en varios partidos; este último, además, convirtió siete goles. Willy Píriz ratificó su confiabilidad. Otro valor fundamental fue Hernández, el pujante número nueve, que en aquel torneo marcó precisamente nueve goles.
Bagnulo recibió por su tarea elogios que seguramente lo habrán sonrojado. En La Mañana, por ejemplo, Zerimar escribió:
“En su tarea específica, Bagnulo es, tal vez, insuperable. Modesto al extremo, le tiene alergia a los elogios. En ese sentido, peca en demasía. Trabaja sin retaceos. Él asume responsabilidades, no las rehúye. Vive permanentemente para el club al que pertenece como funcionario. Está en todo, hasta en el más mínimo detalle. Es un ejemplo. Hombre íntegro, honesto en todos sus actos, amigo y compañero de sus dirigidos. Permanentemente les inculca buenas costumbres. Con esta consagración, recoge el fruto del bien y de su sapiencia”.
“En Defensor –añadió– cumplió labor de corte excepcional hasta llegar a rubricar su trabajo con la conquista del Cuadrangular en calidad de invicto, en el que intervinieron Peñarol y Nacional. Jugadores que en otros clubes han sido desahuciados, él los recuperó y hasta han logrado ser titulares en nuestra Selección. Ese es Bagnulo, técnico que sabe mucho, pero que, por su modestia, no figura en el plano de los consagrados. Él es así. No lo cambiará nadie”.
Triunfo clave
El 21 de julio Defensor se enfrentó con Peñarol en un partido con clima de final y marco espectacular: se vendieron unas 35 mil entradas. El equipo aurinegro presentó a casi todas las figuras que le habían dado, pocas semanas antes, el título en la primera Copa Libertadores. Y en la punta izquierda de su ataque apareció un salteño rubio, casi adolescente, que haría después historia. La formación aquella tarde fue con Maidana, William Martínez y Salvador; Pino, Goncálvez y Aguerre; Cubilla, Linazza, Hohberg, Spencer y, justamente, Pedro Rocha. Por Defensor jugaron Radiche, Álvarez y Clímaco; De Souza, Malinowski y Miramontes; Román, Rosas Riolfo, Hernández, Píriz y Brasil. Para redondear los estímulos, los dos llegaban invictos al choque.
El único gol, que además del partido comenzó a definir la Copa Artigas a favor del violeta, lo consiguió Walter Hernández a los 14 minutos. Nació de un pase largo de De Souza a Píriz. Este corrió y al acercarse al área, cedió la pelota a Hernández, que dio tres pasos y definió contra un palo ante la salida de Maidana. Defensor fue superior aquella tarde, pero la delantera aurinegra de notables mantuvo la incertidumbre sobre el resultado hasta el final. Y en esos minutos, que resultaron interminables para los aficionados de Punta Carretas, Radiche sobresalió por su solidez.
“Vibrante, ensamblado y táctico fue el conjunto de Defensor que obtuvo un buen triunfo ante Peñarol: 1-0”, tituló El País. Bernardino Garros, comentarista de ese diario, señaló: “El resultado se justifica ampliamente aunque las cifras fueron mezquinas para el ganador”. Defensor “con su performance equilibrada un reconocimiento unánime de mejor equipo, si se entiende por más capacitado el conjunto, la entrega de la pelota adecuada entre sus hombres y la protección de las zonas defensivas con un sentido exacto de la ubicación, situando presencias firmes por donde inevitablemente debieran intentar penetrar los engorrosos atacantes peñarolenses”, escribió por su parte Marcelino Pérez en El Diario.
Esa victoria le dio al violeta tres puntos de ventaja sobre Nacional tras la penúltima fecha, aunque los tricolores a esa altura habían jugado un partido menos. Solo una muy inesperada combinación de resultados podía quitarle el título a Defensor, de allí el emocionado festejo de su hinchada tras el pitazo final. Esa semana, los diarios habían publicado algunas noticias que hoy suenan insólitas, como la visita al Palacio Legislativo de los miembros de un partido político que impulsaba la creación del departamento de Solís o la exhibición en la plaza Cagancha de un televisor portátil, a cargo de una casa importadora, que lucía como una valija con pantalla. Más raro parecía entonces que un club chico conquistara un campeonato en el fútbol uruguayo, pero estaba a punto de ocurrir.
La consagración
El sábado 6 de agosto, el campeón argentino y sudamericano de los pesos welter, Luis Federico Thompson, se midió en el Palacio Peñarol con Jorge Peralta, ascendente figura local. Panameño nacionalizado argentino, Thompson era una figura de dimensión internacional y lo demostró noqueando a Peralta en cinco rounds. Otro famoso visitante de esos días, el chileno Lucho Gatica, notorio por su voz y no por sus puños, se presentaba en radio Carve con sus boleros y baladas.
Ese sábado, precisamente, Defensor alcanzó la consagración que esperaba desde 1913 goleando a un viejo rival, Rampla, en el Estadio Centenario. Las crónicas señalan que el violeta salió a “estudiar” el partido, sabiendo que con paciencia podría alcanzar la meta a salvo de sustos. Cuando apretó el acelerador, Rampla se vio obligado a ceder varios corners. Y en dos de esas incidencias llegaron los dos primeros goles. A los 34 minutos, Brasil ejecutó desde la esquina, hubo un amontonamiento de camisetas violetas y rojiverdes detrás de la pelota, que cayó frente al apetito goleador de Hernández. El delantero remató, el arquero ramplense Larrea devolvió a medias y Jesús Castro, sin dudar, la mandó a la red. Cinco minutos más tarde, otro corner, un cabezazo de Malinowsky y 2-0.
Con la ventaja a su favor, el violeta retuvo la pelota, pero supo sorprender con jugadas rápidas, como la que trajo el tercer gol: un pase de Brasil a Rosas Riolfo, que entró solo y esperó la salida del arquero para tocar a su costado. Y el propio Brasil cerró la cuenta con remate de lejos cuando faltaban diez minutos.
El 4 a 0 final no significa que haya sido fácil: Defensor terminó con nueve futbolistas “sanos”, porque Castro se desgarró en el primer tiempo, incluso convirtió su gol lesionado, y Rosas Riolfo tuvo un tirón cerca del final. Como no se autorizaban los cambios, Bagnulo se vio obligado a mover varias piezas. Rosas Riolfo pasó como puntero derecho nominal y Castro en la punta izquierda. Marotti pasó al mediocampo, en tanto Píriz retrocedió como half derecho y De Souza se corrió a marcar el otro lateral. En 1960 nadie pronunciaba en fútbol la palabra “polifuncional”, pero ya se aplicaba…
“Lo que sentimos ahora, esta indescriptible emoción, efecto del resonante título de esta tarde, que nos permitió culminar invictos en el torneo José Artigas, creo que debe ser la sensación más pura y hermosa que pueda experimentar un aficionado al fútbol”, comentó Ricardo Lombardo, delegado del club en la AUF, en un vestuario eufórico. El técnico Bagnulo evocó la campaña de 1944 y aseguró que la amargura de haber perdido aquel título se compensaba ampliamente con la alegría de la Copa Artigas. “Un nombre nuevo en la eterna monotonía de los campeones, hace transformarla en armonía”, fue el comentario del general Omar Porciúncula.
“Estoy muy satisfecho, los muchachos han cumplido”, dijo elpresidente Luis Franzini al borde de la cancha. Y agregó, con la vista puesta en la historia: “Precisamente, cuando se decide que por primera vez en un campeonato intervengan los campeones del Interior con los clubes de Montevideo, tenemos la satisfacción de instalar el nombre de Defensor como primer campeón. Pasarán los años y este episodio se mantendrá en el recuerdo”.


